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Nicole Martín Medina

Gestora Cultural – Abogada/MBA

El cuento del trompetista o ¿Para qué sirve una orquesta? – Parte 4

Trabajo realizado en trascurso del

Máster Dirección y Gestión de Empresas Culturales y Creativas – Universidad Europea Miguel de Cervantes, 2020-2021

Asignatura «Fundamentos teóricos de las Industrias Culturales y Creativas»

Puntuación: 10

Texto reducido (sin la parte teórico-académica)

Entrega especial de Navidad 2023, en 6 partes

El cuento del trompetista o ¿Para qué sirve una orquesta? – Parte 4

Eso tenía que ser un chiste de mal gusto. ¿Una amenaza? ¿Qué decían las garrapateas? Era muy difícil de entender, porque su hablar a la vez causaba un murmullo enorme. En medio de todo esto, las miradas del maestro y del trompetista se cruzaron y, en ese preciso instante, ambos supieron que habían visto y oído lo mismo. El maestro comprendió que no le quedaba más remedio que desalojar la sala hasta nueva orden. Pero le suponía un agobio dado que no entendía en absoluto el motivo para esta media.

“Señores y señoras, por favor, desalojen la sala de inmediato y vayan a sus casas. Tenemos un inminente peligro para todos ustedes en la sala, pero no sabemos qué es. Hasta nuevo aviso quédense en sus casas. Disculpen las molestias”.

Los músicos se miraron de forma atónita los unos a los otros, pero la voz del maestro había transmitido tanta firmeza y urgencia que nadie dudaba en contrariarle. Por otra parte, era el maestro, ¿quién se opone a un director de orquesta? Todos se levantaron y empezaron poco a poco a salir de la sala y del edificio. El trompetista se levantó también, desconfiado, mirando a sus compañeros cuando la clave de sol le dijo de nuevo: “Vete a casa y no vuelvas hasta que se os avise. Y observa. Te espero aquí en el siguiente ensayo. Ten confianza.”

Y así todos se fueron a sus casas. Lo que nadie se había imaginado en este momento era que se iban a quedar en casa por mucho, mucho tiempo. La Orquesta Nacional se quedó bajo el comando de las cuatrifusas que no paraban en zumbar por todo el recinto. De esta manera, el tiempo pasó. Se esfumó.

Al principio, los músicos creían que se trataba de unas vacaciones pagadas, pero a media que pasaron los días, semanas y meses, este encierro involuntario en casa perdía su gracia. Las relaciones sociales se habían cortado por completo por esta medida tan sorprendente. Los músicos se veían obligados a ensayar solos en sus casas. No era posible tocar en grupos o en la orquesta completa. No había contacto con el público tampoco. No había nada. Sin la orquesta se sentían abrumados con tanto tiempo libre. Tiempo que antes no habían apreciado y al que no habían mostrado el respecto debido.

Era imposible comunicarse más allá de un silbo regno vivaceval[1] que servía para la comunicación a largas distancias. Para lo más urgente. Por el resto, se encontraron todos aislados unos de otros.

Empezaron a aburrirse, a sentirse solos. Algunos mostraron signos de depresión, otros enfermaron. Algunos se pusieron a tocar a solas en sus balcones para al menos así comunicarse a través de la música con los vecinos. En muy pocas ocasiones se dio el caso de que algunos músicos de la Orquesta Nacional vivían cerca unos de otros y pudieron tocar, cada uno en su balcón, pero juntos. Estos eran los más felices en estos días oscuros de las garrapateas.

∞ ∞

Pero esto no sería un cuento si no diera paso a la solución del problema. Una mañana cualquiera, soleada y aromática, se oyó el silbo de la sede de la Orquesta Nacional que convocaba a todos los músicos de nuevo a sus puestos de trabajo.

Queridos lectores de este cuento, no se imaginan la alegría y el alivio que sentían todos. Se hizo la luz. Se levantaron muy temprano para disfrutar un desayuno abundante, para prepararse como si de un concierto muy importante se tratara. Sacaron sus mejores vestimentas y se arreglaron con mucho cuidado. Disfrutaban en su camino al trabajo del sol y de las verdes praderas del reino. Cuando llegaron al noble edificio dorado donde residía la Orquesta Nacional se quedaron impactados, maravillados, tal como le había pasado a nuestro trompetista en su primer día de trabajo.

Entraron con pasos ligeros, se saludaron, se besaron y abrazaron. Con una ligereza casi desconocida, prepararon sus instrumentos y partituras para el primer ensayo después del inexplicable suceso. También, nuestro trompetista estaba alegre y feliz. A diferencia de aquel su primer día, ahora todos irradian emoción y entusiasmo, de manera que él se sentía libre de soltar su felicidad también. Una vez que todos se habían sentado en sus sitios, entró el maestro a la sala de ensayos y los saludó con atención y agradecimiento.

“Les doy la bienvenida más calurosa de la historia de la orquesta. Me alegra profundamente poder verles de nuevo y seguir con nuestro proyecto común que tanto amamos”, empezó el maestro irradiando la dicha en su cara. Todos devolvieron los saludos, los buenos deseos, y felizmente quedaban pendientes de sus instrucciones.

El trompetista abrió su partitura y como no pudo ser de otra manera, saltó, de repente, …. plisch, plasch…. Don Clave de Sol de la misma y le dio la bienvenida: “Bienvenido a casa. Encantado de volver a vernos aquí.”

Nuestro héroe debería haberlo previsto, pero una vez más se asustó al ver los ojos grandes de la clave de sol. “Buenos días, ciertamente es una gran alegría estar de vuelta. Mi corazón está lleno de alegría, a punto de estallar. Menos mal que las cuatrifusas se han ido.”, le comentó.

“Entonces, Míster Trompeta, ¿cuál son las conclusiones a las que ha llegado?”, preguntó la clave de sol.

“¿Conclusiones? Estaba encerrado en casa durante medio siglo y ahora vuelvo al trabajo. ¿A qué conclusiones se refiere?”, contestó el trompetista.

“¿Pero será posible?”, cuestiona la Calve de sol, “¿Ya te has olvidado que todo eso ha sido un experimento que habíamos acordado sobre el sentido o sin sentido de una orquesta?”.

“Espera un segundo”, pidió el trompetista. “¿Las garrapateas eran un experimento filosofal?”.

“Desde luego querido, pero ya veo que todavía no te has dado cuenta. Vamos a ver si te puedo ayudar un poco más.”

“¡Mi madre!, ¿Qué hará ahora?”, pensó el trompetista, sabiendo que con la clave de sol uno nunca sabía por dónde te salía. Se quedó inmóvil a la espera de una nueva sorpresa. Y no se hizo esperar. De la partitura del flautista, como por arte de magia, salió una gran fermata, o lo que llamamos calderón, con el que normalmente se alarga una nota según la voluntad del intérprete. Aun así, lo que ahora se alargaba no era una nota musical, sino, de repente, de la nada, como por arte de magia, se alargaban los pensamientos de los otros músicos y alcanzaban los oídos de nuestro héroe.

… Continuará el 1 de enero …

Nicole Martín Medina

Las Palmas de Gran Canaria

Navidad 2023

 
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Nota a pie:

[1]  Alegoría al silbo gomero que es un lenguaje silbado utilizado principalmente por los habitantes de la isla La Gomera (Islas Canarias) para comunicarse a través de barrancos

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4 comentarios

  1. Interesante , sobre todo porque parece hacer referencia a la pandemia y al encierro que tuvimos, y lo importante de trabajar juntos y coordinados ( la orquesta ) .

    1. Sí, hice el Máster durante el año de la pandemia 2020/2021 y claro, la influencia es evidente porque el sector cultural fue afectado muy gravemente a la vez que creo tuvo la oportunidad de aprender y mejorar mucho. Si eso ha sido logrado, lo dejo a la valoración del público o para otra entrada, tal vez.
      Gracias por leerme, un saludo

  2. Curioso el comentario que has hecho. Interesante observar como la pandemia afectó a muchas parcelas de la vida cotidiana. Esperaremos el próximo capítulo…. Bs

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