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Nicole Martín Medina

Gestora Cultural – Abogada/MBA

El cuento del trompetista o ¿Para qué sirve una orquesta? – Parte 3

Trabajo realizado en trascurso del

Máster Dirección y Gestión de Empresas Culturales y Creativas – Universidad Europea Miguel de Cervantes, 2020-2021

 

Asignatura «Fundamentos teóricos de las Industrias Culturales y Creativas»

Puntuación: 10

Texto reducido (sin la parte teórico-académica)

Entrega especial de Navidad 2023, en 6 partes

El cuento del trompetista o ¿Para qué sirve una orquesta? – Parte 3

“Quiero saber qué sentido tiene una orquesta, qué sentido tiene esta orquesta compuesta por hombres grises, aunque sea sin cigarros. Quiero saber para qué sirven. Antes que nada, si veo que aparentemente mis ideas sobre el tema son erróneas.”

“¿Y cuáles son tus ideas sobre el sentido de una orquesta, si se me permite la pregunta?”

“Sí, se permite, vuestra merced. Toda mi vida pensaba que en una orquesta se vivirían grandes emociones como la felicidad, la alegría, la pasión, el amor. Pensaba que estas emociones se transmitirían al público que, de esta forma, participa en el deleite que supone la música. Pero llego a la orquesta más famosa del reino y no hay nada de eso en los ensayos. Una orquesta que ni siquiera conoce su propia alma. ¿Cómo es posible dar algo que previamente no tengo? De ahí mi pregunta de entrada: ¿Para qué sirve todo esto?”.

“Perfecto, Míster Trompeta. Me ha quedado claro. No está del todo descabellado. Pero antes de empezar con mi experimento contigo, piensa si la vida se vive en línea recta o no. La vida son altibajos, cambios en los estados de ánimo. Y, sobre todo, depende mucho de nosotros mismo. ¿Me explico?”

“Para serte sincero, no, no te explicas. ¿Qué tiene eso que ver ahora?”, respondió el trompetista.

“Ya verás, pero, antes que nada, nunca olvides que cada uno puede hacer que las cosas cambien. Tú también.”

“¿Yo?”, soltó el trompetista con demasiada vehemencia. “Yo que soy nuevo aquí, nadie me ha hablado más allá de un saludo antipático. Y nada más llegar me gané el enfado del maestro. De mil maravillas. Y me dices tú, que yo puedo hacer que las cosas cambien aquí.”

“Sí, tú. Porque nada más entrar, en décimas de segundo, te has dejado impregnar por el ambiente en la sala y te has adaptado a ella. O dime tú, dónde has dejado al chaval que cinco minutos antes estaba lleno de ilusión por poder tocar en la Orquesta Nacional. Entraste físicamente y como persona te has quedado fuera. Una expresión perfecta del mimigrí.”

“Eso es el colmo, ¿me estás diciendo que soy igual que los otros aquí?”, preguntó el trompetista con la cabeza bien roja de enfado.

“Sí, eso es lo que te estoy diciendo. Y añado, tú te atreves a preguntar por el sentido de esta orquesta si en un mínimo de tiempo te has adaptado a la realidad. No sé yo, pero por las partituras y los míos no es, somos los mismos símbolos musicales desde hace siglos y os hemos guiado todos estos tiempos y todavía hoy lo estamos haciendo de la misma manera. Pero vosotros, los músicos, os olvidáis del sentido, de la importancia mayor que tiene la orquesta, la música, la vida. Eso pasa muchas veces que entráis en una sala de ensayo. Tal como tú mismo acabas de hacer.

Disculpa mi franqueza, pero no eres el primero con quien tengo esta conversación. Y siempre me pasa lo mismo, si pregunto a cada uno “¿Qué significa la orquesta para ti?, nueve de diez músicos se quedan en silencio. Lo que me lleva a preguntarme si vosotros no veis sentido alguno en lo que estáis haciendo. Ciertamente, tú, Míster Trompeta, me das algo de esperanza, ya que me has podido contestar algo. Eres el número uno de diez. Pero tampoco vives en congruencia con todos tus ideales.”

“Vaya discurso”, pensó el trompetista. Esto habrá que digerirlo un poco. No obstante, su intuición le avisaba sobre la marcha de que había mucha verdad en estas palabras. La alegría que le caracterizaba como persona la había dejado fuera de esta sala. ¿Por qué?, no lo sabía decir en este momento. Tal vez por inseguridad, por miedo a ser rechazado, por miedo de lo que dirán, por ser el nuevo.

“No te quedes callado, trompeta”, retó la clave de sol al trompetista.

“Estoy pensando”, le contestó el músico. “¿Por cierto, de qué experimento me estabas hablando hace un momento?”

∞ ∞

“Vayamos paso por paso. Hagamos un experimento. Tú, déjate llevar y observa. Más adelante volveré a preguntarte a ti y a tus compañeros por el sentido de la orquesta. Además, volveremos a describir el ambiente en la sala. Nos veremos aquí, pero antes tengo que pedirle ayuda de una compañera mía, la garrapatea.”

“¿La cuartifusa? ¿Qué?”. El trompetista no salía de su asombro. Llevaba un buen rato hablando con una clave de sol y ahora iba a conocer a una garrapatea. Las colegas de los cinco rallitas tenían su carácter, esto estaba claro. A ver por donde le salía ésta ahora.

“Tranquilo, observa”, insistió la clave de sol.

En este preciso instante, nuestro trompetista se dio cuenta de que estaba en un ensayo y, en el último segundo, vio la batuta del maestro que estaba a punto de darle por segunda vez su entrada. Como si hubiese estado guiado por el diablo mismo, se puso la trompeta a la boca y sopló. Demasiado fuerte. Santo cielo, eso sonaba fatal.

“¿Ud. en el fondo, trompeta, me puede decir qué le pasa? Así no se puede trabajar”, protestó el maestro en el mismo instante en el que vio cómo una garrapatea salía con varias de sus compañeras de su partitura y se colocaban en su atril. “Eso no podía pasar de verdad”, pensó el maestro. Se quitó las gafas y se frotó los ojos, como antes había hecho nuestro héroe. Pero igual que en su caso, el maestro seguía viendo un batallón de garrapateas con ojos grandes moviéndose de un lado al otro en su atril. Se sintió mareado porque estas figuritas no paraban de moverse a una velocidad extraordinaria.

El maestro quitó la vista de las fusas y miraba a sus músicos que aparentemente no notaban nada de lo que estaba pasado. Aun así, ahí estaban. Cuartifusas mareándole encima de su atril. En el siguiente instante, para mayor inri, empezaron a hablarle, de forma sobrepuesta, demasiado rápido para entender bien, todas a la vez y a gran volumen. Decían algo similar a que el ensayo se tenía que suspender. No entendía muy bien el motivo. Las cuatrifusas decían algo sobre un peligro inminente para todos en la sala y que no se podían quedar.

¿Quieren que desaloje la sala?, se cuestionó con asombro el maestro.

Con mucha irritación notaron los músicos que algo estaba pasando con el maestro, pero nadie entendía lo que era. Simplemente, se le veía en su podio con unos movimientos evasivos extraños, como si alguien le pegara o le empujara, no con mucha fuerza, más bien, como si fuera un viento demasiado fuerte que provocaba este comportamiento extraño. A su vez, notaba el maestro en las caras de sus músicos el asombro de ellos, sin percibir un motivo para ello.

No había ningún motivo de peligro inminente, no a la vista. Había garrapateas en su atril volviéndole loco. Pero nadie, salvo él mismo y el trompetista en el fondo de la sala, veían las garrapateas.“¿Pero eso qué es? ¿Un circo? No puede ser cierto. Y para colmo, el nuevo trompetista no da la talla”, pensó el maestro dudando de sus propios ojos.

“Si no os vais a casa ahora mismo, todos os vais a contagiar y unos cuantos os vais a morir”.

 

… Continuará el 25 de diciembre …

 

Nicole Martín Medina

Las Palmas de Gran Canaria

Navidad 2023

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